Que te follen*. Eso le he dicho. Es lo que le hace falta, lo se por experiencia. Yo quiero follar y hacer el amor vestida en la cola del súper. No es para tanto. El Amor es otra cosa. Creo. Y se ve en los ojos cuando sonríes y cuando lloras, y no necesariamente cuando gimes o respiras fuerte. Pero quiero gemir pensando que luego, cuando compre las naranjas, te haré sentir querido y yo querida. Mientras tanto no me hace falta porque estaré contigo y ya pensaré luego. Que me follen. Ups, qué mal lo estoy pasando. Me pongo tiritas en el pecho para hacerme creer que esto durará poco. El qué? El amor? O la Paciencia? El lapsus, por ser lapsus. Cuando se hace el Amor porque no tienes más remedio. Pero sin gemidos y con muchos besos. Cuando quisiera pasear sin samarreta y meterte el dedo gordo del pie en la boca para que lo chupes como si fuese un biberón de Cocacola con JB. Un, dos, tres... y te abrazo. En realidad soy una quejica que se queja de las cosas bonitas porque este sentido estético y altruista que he desarrollado me hace buscar incesablemente detrás de todas las cortinas de todas las habitaciones hasta encontrar la ventana -siempre oculta- donde fumarme el cigarro tranquilamente y sin molestar. Si no fumase, fumaría igualmente, estoy convencida. Pero como siempre me encuentras, te molesto. Y con amor te pido fuego para encender lo que sea. Y me dices que te follen porque tú no puedes hacerlo y yo estoy desesperada por darte un beso que compense mi frustración y me alimente con la miel del amor de tus rodillas porque la vida me ha puesto a régimen y a mi me sobran energías que eliminar cuando la cajera me mete la compra en bolsas. Que te follen a ti -pienso al rascarme la hurticaria que me produce pensarlo, no, no, que nadie te folle, que para eso ya estoy yo y te vas a enterar cuando te pille, cuando sea-.
No me importa que me uses y que en estos momentos me maltrates porque jamás será para tanto. Me duele más la barriga cuando el jodido botón del vaquero se me clava porque está hinchada, que los besos enamorados que te doy, o al menos hoy así los siento, cuando meto las manos en los bolsillos porque caminas en la misma dirección que yo y me abres la puerta del coche. Y hacemos el amor contando los topos de mi jersey tras haber quitado el polvo de las estanterías por si acaso alguien mira detrás de los libros. Tengo ganas de despeinarme, de enviar postales y de atarme a la cama. Porque se dice que el amor es eso. Y si te digo que te follen me respondes vacilón que no caerá esa breva. Si me dices que te follen me derrito y aprieto los puños y me sale la vena maternal que ya no se por dónde anda con tanto alboroto -los restos en mi vientre y en las uñas porque viendo CSI he comprendido que ahí están las pruebas-. No sabes cuántas ganas tengo de dejar el amor de lado y meterte esta vez la mano a ti en los bolsillos del pantalón en la cola del súper, cuando representa que hacemos el amor más casto, y me mires diciéndome que te follen, disimulando que no lo estamos haciendo. Y escribir sobre ello, soy de letras y relatos. Qué voy a hacerle? Pues follar con palabras, te prometo que también es divertido y se estimula la capacidad ortográfica cuando decides ser incorrecto. Que te follen. Te vas a enterar.
Y todo esto viene por una conversación nocturna sobre la frigidez... Mi conclusión es una duda: Pero cómo? Pero si yo estoy deseando que el amor se materialice en ninfomanía ahora que me han prohibido serlo!? Será que nunca tenemos suficiente con lo que tenemos? No debería estar yo también negada psicológicamente? Por eso tengo tantas ganas de morderle el cuello en cualquier situación que mi imaginación me permita? Joder... estoy llegando a la conclusión de que me estoy volviendo majara... de amor, de negación y de hormonas -y de imaginación cuando se me niegan las posibilidades y me llaman por teléfono para recordármelo: hacer el amor es saludable y estas cosas, como hacer la cola en el súper, unen a las personas. Pues manda cojones! También puede callarse, señora Sabelotodo con bata blanca...-. Que te follen... como decía La Cabra (Mi paisaje interior, contaminado; mi cabeza llena de pájaros enjaulados; las paredes de mi chabola aún guardan el recuerdo de aquellas noches de invierno follando como perros). Suspiro. Me relajo. Paciencia... la que los demás también tienen para que les follen a todos, hombre! A la mierda!
Es eso el amor? Un, dos, tres... responda otra vez. Bueno, no, responde mañana por si acaso, que quiero dormir tranquila. Acepto el que te follen si es cierto. Y luego te daré un abrazo amoroso como siempre porque quizá te quiera sin darme cuenta en el mientrastanto y entre estos lapsus. Ufff... de verdad, qué mal lo estoy pasando en este reordenamiento biológico...
* Que te follen-La Cabra Mecánica. Hoy no hablaré de cómo estimula mi líbido este hombre, creo que ya lo he dejado bastante claro siempre. Pero sí, no puedo evitarlo. Cada vez que le veo y entre cerveza y cerveza. Schhhh... y esta princesita sólo puede decirle a él, a todos y a mi misma: QUE TE FOLLEN -pero yo sin estimulantes químicos, lo prometo-. Ains, que nos follen a todos y a mi cuando pueda. Eps! Un momento. Pero esa expresión no es peyorativa? Ya está, ya la he liado. Joder, si es que hasta los insultos ya me ponen... jajajaja. (Cínica -pues seré verdad, gilipollas!)